sábado, 2 de mayo de 2020

Mi pequeño Gollum, Madre

         Entré en su casa lúgubre y triste. Un lugar de caótico desorden. Fuí caminando por el pasillo, al fondo, cogí el pomo de la puerta, lo giré y pasé.
Me sumergí en la habitación polvorienta y maloliente. Era como una cueva téticra, casi sin vída.
          De repente la ví, como una pequeña Gollum. Se deslizó por el pequeño corredor hacia el baño. Se sentó en el excusado y dejó la puerta entreabierta.
Allí estaba, con sus grandes ojos azules y su media calvicie de pelos blancos apagados.
          Lanzó una sonrisa, pero de ojos apagados, aunque enormes y dijo:
-Ah!, eres tú.
           Salió como un fantasma y se deslizó hacia la cama, metiendose cual serpiente por en medio del gran edredón. Asomó la cabeza a la altura de la almohada.
           De nuevo sonrió mi pequeño Gollum y empezó a hablar.
Primero me saludó, hasta me dijo que "me quería". Fué como un acto bondadoso que duró un segundo. Pero, en seguida afloró su dual personalidad, apareciendo el lado maléfico.
            Se puso a hablar ofensivamente de todos( yo incluida), recordando su apreciado "mi tesoro". 
   Ese que la había llevado a la soledad más profunda y genuino odio hacia todo . La había aislado del mundo, hasta perder la razón.
             Mientras soltaba su verborrea , tuve un flashback, y pensé:
-¿Qué había sido de aquella Reina de Corazones, siempre malhumorada y sentenciosa? ,¿ y de su cuerpo voluminoso con sus desmesurados pechos?,¿ y su voz potente, siempre dando órdenes sin parar? . ¿ Sus vestidos lujosos y sus enormes sortíjas, esas qué siempre acariciaba sin parar?
              Ella, la pequeña Gollum, seguía hablando. Yo apenas la escuchaba . Sólo salía de su boca odio y maldad.
¿En qué se había convertido?
En un ser huesudo, miserable y desarrapado.
Se aferró , toda la vída, a "su tesoro" , olvidando la humanidad y el amor.
               En su cerebro había un chispazo de recuerdo, por eso, muy de vez en cuando, decía "te quiero". Pero carente de sentido, algo automático.
               La miré, Madre, mi pequeño Gollum. Le acaricié la cara, le dí un beso y me levanté.
Cuando abrí la puerta cogiendo el pomo, con una voz  gorgorosa me dijo:
- Cierra la puerta cuando salgas!, dijo sentenciosa.
                Cerré recorriendo ese pasillo caótico. Me parecía larguísimo.
Mientras lo recorría, hasta me imaginé cascotes cayendo del techo. Me estaba afectando todo eso.
Por fín, llegué a la puerta de la entrada y salí. Bajé hacia la calle. Me asfixiaba!.
Al llegar a la calle tomé una gran bocanada de aire, me sentí mucho mejor.
Miré enfrente y allí estaba, mi marido esperandome en el coche.
                  Mientras cruzaba  la calle pensé:
-Alguien que me quiere, porque sí, sín preguntas.
Subí al coche, le dí un beso y nos marchamos.
                   Uf!, había salido de la Tierra Media, y volví al siglo XXI.
 

4 comentarios:

  1. Tu pequeño relato. Relata muy bien lo que algunas sentimos cuando vemos transformarse a un ser querido en algo o alguien que no reconocemos. El sentido que le das al salir de un mundo subreal y volver al nuestro propio. Me gusta como lo has expresado en este blog. Espero volver alguna publicación tuya. Un saludo

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  2. Me gustó, Silvia. coincido completamente con el comentario de Unknown. Continuaré leyendo otros trabajos tuyos. Felicidades!

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  3. Parece libre el ejercicio de la hipocresía

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