Hace muchos,muchos años (aumque parezca que fue ayer)una niña adolescente abría los ojos al despertarse en esa ciudad.
Se veía el día claro,era sábado,poco trafico y hacía sol. Un día fantástico,despuntaba la primavera.Se vestía perezosamente (no había que madrugar) y coo el día ,ella iba amaneciendo poco apoco.
Su ciudad despertaba ante ella. Por la ventana,desde el 8º piso,se veía al fondo un gran depósito de agua para la ciudad. Al fondo, unas cuantas leiras y casas pequeñas. A la izquierda, un pequeño monte y un acueduzto, medio tapado por unas hiedras. y, un poco más alla, una cantera donde se iba a jugar de vez en cuando.
La niña, una vez desayunada y vestida, miraba por la ventana el ambiente de la calle. A ver si habían bajado los chavales a la calle ò, si por una esquina, veía asomar al chico que le gustaba, pero infinitamaente inaccesible para ella.
De repente, su madre, le dice que vaya a la carnicería y a la tienda. Aumque, no con muchas ganas , baja a hacer tal menester.
Pero el día era precioso. Un sàbado tranquilo, casi sin tràfico y todo el mundo haciendo recados.
La llaman sus amigas por teléfono, pero a ellapor las mañanas no la suelen dejar ír de paseo.A la tarde, después de comer, justo apurando la taza de café, ya queda para salir.
Allá se encamina hacia el centro,el sitio donde todo el mundo(para ella) paseaba. Señores y señoras con trajes elegantes. Chicos ychicas paseaban en pandillas de cinco, seis, siete ó quince, calle arriba, calle abajo. Era una tarde donde el "hola", "adiós", " hasta luego", era tan abundante que parecía un canto ó una oratoria diseñada para esa calle en esa ciudad. Todos tan conocidos que el comadreo y el charloteo se oían como un murmullo sín parar. En cualquier tienda, farmacia, cafetería, incluso puestos de barquillos y melindres se oía el "hola", tan familiar como siempre.Daba gusto pasear en primavera, donde se ponían los primeros trajes ligeros, como margarítas escamoteadas por el campo. Era gustoso verlas, porque ella era una de esas margarítas, aunque por entonces no se percataba de ello.Era una bonita ciudad, donde con doce ó trece años se podía cruzar entera para ir a la piscina. Todavía no había despertado a las grandes urbes, no acechaban peligros continuos y constantes.
Fué pasando el tiempo. La ciudad fue creciendo, desaparecieron esas mansiones de las calles principales, para convertirse en una zonz de rascacielos con miles de oficinas, entidades bancarias y mucho ruido. La plazade toros también fue derrumbada siendo parto de una mole de viviendas. El monte que se veia por la ventana,se convirtió en un parque cerrado , y la cantera , en una cascada de agua con un edificio de congresos y exposiciones. El acueducto fué limpiadod de las hiedras y rodeado de moles urbanísticas. La entrada de la ciudad con preciosos adoquines y árboles a los lados , se ensanchó convirtiendose en una tremenda avenida de asfalto(sín árboles), como si de un "excalestric" se tratara.
Vinieron los grandes hipermercados, los barrios dormitorio y la gente rural. poco acostumbrada a la ciudad, donde los trepas y los maleantes empezarón a surgir como hongos, además de los que ya había.
La niña se siguió acostando y levantando en la misma ciudad, hasta convertirse en una chica.Un día se despertó siendo mujer y se dió cuenta que su ciudad había desaparecido, para convertirse en un mounstro urbano, en donde ya nadie se conoce. todo el mundo funciona con gran aceleración, donde la ansiedad, la hjsteria se van apoderando de ese frenético ritmo. De repente los ruidos y las prisas abundaron demasiado, Pero, lo más importamte es que la deshumanización lo había invadido todo, Los habitantes han dejado de ser personas para convertirse en esos bultos de gente que se desplazan por la ciudad como una manada de hormigas, cada uno a lo suyo.
La mujer se entristeze mucho, es como si se ahogara,y piensa:- Tengo que irme de aquí¡.
Había llegado el momento de emigrar a un sítio más pequeño, dode la tranquilidad y las relaciones humanas todavía tienen algún sentido.La ciudad queda en su recuerdo, pero ya no volverá a ser lo que era.
Ella se había dado cuenta que era una margaríta salpicada en el campo, su sitio ya no está allí, sino en la pradera.
Habría que preguntarle a esa niña/adolescente/margarita urbana -que devino en mujer amante del campo-, si no esconde el deseo de volver -al menos por temporadas- a la ciudad que abandonó. Si no continúa siendo aquella niña.
ResponderEliminarSalud.